Nos levantamos a ver el cielo, notando su hermoso descolor solo queda pronunciar el comunicado del alma: “¡ah que bien se siente el aire de la noche en nuestro rostro!”.
Mirando al frente puedo notar como mis penas se acaban con la blanca nube, y, sobre el cerro, la maravillosa casa negra de blancos barrotes parece desaparecer en esta hermosa noche.
“¡Hoy lo haré!” piensa el pequeño niño frente a la casa. Yo, desde mi ventana alcanzo a divisarlo; después de todo la casa está más cerca de lo que parece a simple vista, puedo así mismo, notar que el niño viste un sin fin de colores, por lo cual no es agradable a la vista de este lugar, más sin embargo, tiene un alma sin color. Segura que el pequeño conseguira su cometido me apresuro a bajar las escaleras tomando un enorme abrigo del barandal, apresuro a la puerta con las manos frías por la temperatura de fuera y con emoción giro la perilla, saliendo a todo lo que mis pies me permiten con destino a aquel cerro, con aquella enorme casa. Al legar noto como el pequeño se me adelantó, al parecer si atrevió a cruzar, entró cautelosa, procurando no producir ruido alguno.
-Así que llegaste- Se escucha una voz profunda de lo más recondito de la casa, no creí que ese pequeño niño colorido lo consiguiera tan pronto, apresuro mis piés y de forma sigilosa llego a aquella iluminada habitación; veo al pequeño, parado frente a la ventana con la mirada horriblemente perdida, en verdad deseo que lo logre, más sin embargo no es mi desición sino de ella. -Vamos pequeño di algo- pronuncia nuevamente aquella voz.
El pequeño solo asiente, mirando por la ventana incredulo de lo que sucede- disculpe yo, recien vengo a vivir aquí -su voz sonaba temblorosa como quien habla frente a su idolo.
-Entonces no crees en mí verdad?-pronunció habilmente la voz.
-Hasta ahora no- el niño avergonzado no se atrevía a levantar la mirada, por lo mientras yo me mordía el labio, evitando no decir nada, ese niño estaba en un error, como podía hablarle si ni siquiera le veía? me preguntaba, hasta que mis pensamientos fueron interrumpidos nuevamente dando una respuesta que me dejó sin habla.
-Él me habla, por que sabe de mi, por que quiere creer, sabe que estoy aunque no me puede ver, más duda, y ahora que me escucha sus dudas desaparecen- la voz se dirigía esta vez a mi, salí de mi escondite al encuentro con la luz y ante la mirada espectante del pequeño solo pude hacer una reverencia.
-Perdone, madre- dije mientras levantaba el rostro encontrandome con ese enorme círculo en el cielo.
En ese justo momento el pequeño comenzó a reir sombriamente, al mirarle ya era rojo…en ese momento desperté corriendo a la ventana a ver a mi madre de nuevo.
-Se sigue divirtiendo señora?- Pronuncié con desden. De la luna en el cielo se escuchó un siseo, demaciado bajo para ser entendido pero lo suficientemente claro para que algunos la comprendieramos.
-Es la primera noche- decía -siguen más y más, estad preparados.- Chisté ante esas palabras, si era la primera noche que habían sido las anteriores ¿pruebas?
Miré el reloj, ya era tarde, mejor sería alistarme para ese arduo día.